Desde que tengo no-sé-que-edad (probablemente alrededor de los 5 o 6 años) escucho a Metallica. Creo que el primer recuerdo que tengo de la banda fué cuando vi el mítico video de “One” de la mano de mis hermanos mayores, a quienes además tengo que darle las gracias porque a partir de ese momento me adentraron a este mundo y sin saberlo evitaron que unos 15 años más tarde me gustara el (maldito) reggaeton. Creo que fué así como sucedió, aunque no sé muy bien por qué, pero desde muy pequeño tuve sangre de metalero.
Ayer, en un intento desesperado de ayudarme a despertarme temprano para ir a trabajar, desempolvé el VHS del concierto “Cunning Stunts” del ‘97, e impresionantemente el perol aún funciona. Ya bien despierto y esperando para irme, llegué a “Enter Sandman”, y a la parte del show que involucraba un “accidente” que terminaría destruyendo medio escenario. En ese momento me pasaron dos cosas por la mente: 1) ¡wow, ya no vemos shows así! y 2) Qué grandioso es Metallica con el público. Este post es sobre la 2da reflexión.
Me refiero específicamente a lo que pasa después de la escena, que lamentablemente no se llega a ver en el video anterior y por mucho que busqué no lo encontré. Para resumirlo en una palabra: genuinidad. Metallica sale de nuevo al escenario y nos hace sentir como si estuviéramos en el garaje de la casa de James Hetfield. Es impresionanete el feeling, a pesar de no estar ahí. La interacción de todos los integrantes de la banda con la audiencia me hizo recordar por qué siempre he mirado a estos tipos como una fuente de inspiración, más allá de la música y de si el último disco fué bueno o malo, o si el próximo será peor.
Esto es algo que nunca me ha sucedido con ninguna otra banda. Con lo tedioso que debe ser tocar las mismas canciones por 25 años de tu vida, cada concierto que veo o escucho de Metallica se siente como si estos 4 tipos lo hicieran por primera vez, con una pasión que da gusto realmente. Es algo digno de admirar. Y eso que nunca los he podido ver en vivo.
La mayoría de las bandas que llegan a tener cierta fama, hoy en día se limitan a salir al escenario, tocar las canciones como un acto reflejo, como “una noche más en el trabajo”. El frontman dice dos palabras, un chiste y chao, “volveremos pronto”. No digo que todas sean así, pero al ver lo que ha hecho Metallica toda su vida, siento que falta algo en los músicos de hoy en día, y va más allá de una carisma forzada. Les falta la espontaneidad de unos shows como estos (por muy preparados que puedan estar):
Duelo en la Batería
El mismo duelo - otra noche
Cambio de Roles
Duelo con un invitado muy especial
Por si fuera poco la actitud de estos 4 con nosotros, Metallica nos dejó verlos en sus momentos más altos y más bajos con dos documentales que exploraban su día a día en el estudio - y fuera de él -. El primer documental es una inconfundible fuente de inspiración para todo músico, y para mi es una fuente de inspiración a nivel humano, más allá del pésimo intento que hago de ser músico. Ver como estos tíos disfrutan tanto su día a día, sus propósitos en la vida, sus relaciones personales y su actitud ante todo lo que los rodea, me hace ver que la vida puede ir más allá de la monotonía en la que podemos caer, si tan sólo encuentras algo que te apasione de esa manera, y mucho más importante: con quién compartirlo.
Un día en el estudio
Definitivamente Metallica, para quién haya tenido la oportunidad de apreciar realmente lo que hay más allá de la música que ellos hagan, es una cultura. Con esto no quiero decir que sean unos dioses y que haya que alabarlos, si no más bien todo lo contrario: son humanos, y demostrarlo es simplemente digno de admirar cuando se llega a ese nivel y se es tan conocido y aclamado. Son una gran fuente de inspiración.
Si me preguntaran ahorita qué quiero ser cuando sea grande, sin duda respondería: un rockstar genuino como los 4 de Metallica. Y dejo hasta aquí el post porque mi guitarra me está mirando feo. Creo que me está diciendo que deje de hablar tanta paja y la toque. Me falta aún mucho camino que recorrer ahí…